Quizás es mejor no tratar de pararse ante el carro de combate. Quizás sea mejor permanecer impasible a la espera de la mejor ocasión.
Se debe entender que parchear no es curar, y me parece a mí que lo podemos entender fácilmente si miramos un poco hacia atrás. Nunca lo pensamos, pero hace ya tiempo que se decretó en esta situación el estado de emergencia. Nos aprestamos a intentar solucionar las cosas, pero está claro que llegamos tarde, y en este caso "todos los recursos" eran tres palabras completamente insuficientes.
Nos miramos los dos en su día prometiéndonos viajes, aventuras y felicidades. Sin embargo, ya pasado ese momento, asistimos al derrumbe de nuestro castillo de sillarejo sobre bases de naipes. Nos aferramos a nuestros ideales, los que teníamos antes de nosotros, con el miedo, quizás o no, a que si avanzáramos demasiado, las cosas pudieran llegar a funcionar.
Cuando se cimenta una idea vital la hacemos crecer, construimos un ideal propio, un sueño, un proyecto, una carrera hacia el fin que nos encumbre de alguna manera en nuestro propio sueño. Sin embargo, hay veces que cimentamos una idea equivocada, errónea, y de tanto que hemos estado construyendo sobre ella, decidimos seguir ascendiendo sin escucharnos lo que nos decimos.
Será cobardía, resignación o pasotismo, pero ahora solo queda ruido de hélices. El Estado de emergencia ha sido sustituido por la evacuación desordenada, con sus desertores de Saigón y su DEFCON 2 por misiles que podrían dispararse sin que nadie lo quisiera, desde lanzaderas que jamás pensamos que nos apuntarían sin ningún tipo de miramiento.
"Toda mi vida en Ruinas ante mis ojos, y caí en la cuenta de que hagas lo que hagas, al final va a resultar una perdida de tiempo, asi que tampoco importa demasiado si te vuelves loco" Jack Keoruac.
Mostrando entradas con la etiqueta nosotros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nosotros. Mostrar todas las entradas
miércoles, 16 de noviembre de 2011
viernes, 11 de noviembre de 2011
Intenté detener la hemorragia hundiendo más el cuchillo
Nos pusimos a andar rumbo al cine tratando de empezar una conversación, pero lo que en otro tiempo era simple y fácil, era ya algo muy difícil. Se adivinaba en cada pregunta la respuesta monosilábica que venía a continuación. Yo sentía irremediablemente que la estaba perdiendo sin poder hacer nada para evitarlo mientras trataba desesperado de mantener la situación actuando con una normalidad fingida. Pero no había nada que hacer, mi afán por hacerla feliz y por quererla hacía imposible el derribo en el que los dos éramos juez y parte. La sentía alejarse cada vez más, con cada palabra y cada frase, cada tentativa de conversación y cada recuerdo.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Reflexiones de la noche de las persianas bajadas
A veces, los clavos se sacan unos a otros sin quererlo, sin pensarlo y con el calor raudo de cuatro o cinco lágrimas traicioneras.
Hay veces que te desintoxicas de no verla, de no sentirla cerca y de perder de vista aquellos ojos. La opacidad de su recuerdo quita la ilusión y con la ilusión desaparecida, el olvido se abre paso para invitarte a tomar una caña en algún bar tranquilo, aburrido y de agridulces derrotados. Dejas de correr detrás de lo que buscabas y comienzas a otear otros destinos con un sucio y oxidado catalejo.
Pero, no dudes, que si por algún afortunado casual, vuelve a aparecer, no parecerá tanto el olvido, no sentirás ningún clavo en otro, que esas supuestas cuatro o cinco lágrimas se perdieron por estúpidas, parecerá poco el tiempo sin verla, y que aquellos ojos volverán a estar a la vista, el olvido enmudecerá y huirá desordenado, el detenerte no fue más que una parada en boxes para correr con más fuerza,
y te volverás a estremecer como siempre cuando vuelvas a ver los viejos puertos de destino
Hay veces que te desintoxicas de no verla, de no sentirla cerca y de perder de vista aquellos ojos. La opacidad de su recuerdo quita la ilusión y con la ilusión desaparecida, el olvido se abre paso para invitarte a tomar una caña en algún bar tranquilo, aburrido y de agridulces derrotados. Dejas de correr detrás de lo que buscabas y comienzas a otear otros destinos con un sucio y oxidado catalejo.
Pero, no dudes, que si por algún afortunado casual, vuelve a aparecer, no parecerá tanto el olvido, no sentirás ningún clavo en otro, que esas supuestas cuatro o cinco lágrimas se perdieron por estúpidas, parecerá poco el tiempo sin verla, y que aquellos ojos volverán a estar a la vista, el olvido enmudecerá y huirá desordenado, el detenerte no fue más que una parada en boxes para correr con más fuerza,
y te volverás a estremecer como siempre cuando vuelvas a ver los viejos puertos de destino
Suscribirse a:
Entradas (Atom)