viernes, 2 de noviembre de 2012

Nada más lejos

Quita la música, quiero hablar.

Dime.  ¿Qué haces aquí?  Espero.  ¿A qué?  A nada.  ¿Quién es ella?  Todas y ninguna  ¿La esperas a ella?  Nadie va a venir.  ¿Y eso te preocupa?  Lo cierto es que, en el fondo, menos de lo que cree.  ¿Esperas a que alguien llame?  Nadie va a llamar.  ¿Entonces que estás haciendo?  Solo estoy haciendo tiempo.  ¿Y el tiempo cómo se hace?  Pues esperando.  ¿Y esperando a qué?  Pues a que las cosas se encaucen por donde deben.  ¿Y para eso se vive, para que las cosas se encaucen solas?  A veces no se puede hacer nada.  ¿Y para eso vives?  En realidad, para eso muero.  ¿Y no te pone triste?  De a ratos triste, de a ratos tierno.  ¿Si no esperas a nadie, entonces porque no haces nada?  Porque sí espero al sueño, a dormir y que llegue mañana.  ¿No esperas más de este día?  Lo cierto es que no, ya es tarde.  ¿Y por qué no duermes?  Porque llegaron las preguntas.  ¿No las llamaste tú?  No, las llamo mi soledad.  ¿Y eso no es culpa de ella?  

Puerta.

-Oye ¿Tú sales hoy o qué?- pregunta el compañero de piso.
-Que va, estoy muy cansado. Ya si eso mañana.
-Vale, pues que duermas bien.

Oye cómo se van sus compañeros de piso, se levanta de la cama, va a la cocina y se prepara un té rojo. Se sienta a la mesa y espera un rato. Solo hay silencio. La casa está vacía.

Yo sigo aquí.  ¿Y te creías que yo no?  Pues entonces vuelvo a la música.

Cascos. Sorbe el té. tragos cortos. Por hoy, ya no hay más preguntas.



Cuando todo se torció dije: “¡Dios qué pasa!
¿Sigues en esas? cambia de página”
borra las lágrimas, y yo en las últimas
olvidando penas con ginebra y lima.
Siguiendo los puntos de tus chacras
Empecé a vivir, cuando me deshice de mis lacras   - Nada más lejos- Suite Soprano

sábado, 27 de octubre de 2012

"¡Venceremos!" El Potemkin como Filosofía


Insurrectos, rebeldes, insubordinados, ingobernables y románticos. Muertos de amor.

Los marineros del Potemkin decidieron tirar al capitán por la borda y bombardear el cuartel general de Odessa en respuesta a la masacre del Régimen. Pasara lo que pasara, los marineros del Potemkin decidieron ser libres, decidieron que la esperanza de la victoria efímera bien podría valer un exilio, una persecución e incluso la muerte.

El Potemkin es muerte y fracaso.

Pero el Potemkin es el despertar de la esperanza, el poso de la Humanidad. El Potemkin son la fraternidad y la dignidad insurrectas, perpetuadas en el exilio y el recuerdo. Potemkin es reconquistar las riendas de tu vida y compartirla con los demás. Potemkin es recuperar el sentido heroico de la vida.

Hoy, 107 años y casi 5 meses después de todo aquello, cabría la pregunta sobre quién venció cuando los marineros de la escuadra que tenía que hundir el Acorazado como represalia, decidieron que lo único que saldría de los cañones que apuntaban a sus camaradas sería el mudo silencio de la conciencia.

Me pregunto cómo podemos convertirnos en los marineros insurrectos de este Acorazado Potemkin que es la vida, para darle la vuelta al mundo, sacudirlo, y quitarle toda la mierda.

jueves, 18 de octubre de 2012

El beso de Gericault




Podría verte esta noche, y sin decir nada, como de costumbre cuando el absurdo mundo mira, infiltrarme a propósito en la negrura de tus pupilas.
Iniciaría esta noche la exploración de todas tus esquinas, de todos tus rincones y sitios desconocidos. Querría iniciar la humedad del alma, la libido del ser.
Quiero reestrenar tu alma, y sentir como un pulso débil, apenas audible, se acompasa incomprensible al mío. Sin aviso previo y recuperando su libre albedrío.
Quiero notar tu piel a mi piel desnuda, como si no existiera el tiempo, como si nunca fuera a dejar de llover por ahí afuera. Tus pesares a mis andamios, tus ruidos a los míos.
Esta noche prometería sobrellevar mis derrotas y procurar nuestras victorias, por nuestras penumbras de noches en vela, de persianas bajadas y cortinas echadas.
Quiero colonizar tu espalda. Explorar las plumas de tus edredones y anidar allí, tu suavidad con mi boca, tu cintura con mis manos, con mi saliva la tuya.
Déjame enredarme entre tus piernas, y albergar una mínima esperanza entre tus labios.

//Me quiero atrincherar/ entre tus pechos mágicos
/son tan sublimes y tan poco diplomáticos/
/soy un lunático, un payaso/
/antifascista como el Gernika de Picasso//


sábado, 6 de octubre de 2012

Muertos de Amor, 1848




Los verdaderos revolucionarios, los muertos de hambre de la historia, siempre han querido trasladar el mundo que llevan en sus corazones hasta el mundo real. Un mundo que el enemigo llama utopía, y por el que la dignidad insurrecta se levanta y cae cada día.

La utopía de los muertos, las utopías de la pasión desenfrenada.

La mujer que descansa inerte en el centro de la acuarela, será para mí el único amor platónico, mi único amor de pigmento y agua.

Los muertos de amor, y este grupo en concreto, descansarán para siempre sobre los adoquines de su barricada. Aún cuando de ellos no quede ni el polvo de sus huesos, permanecerán en la memoria pictórica del capitán de artillería Ernest Meissonier.

Un año después venderá esta obra a Delacroix, pintor de las obras heroicas de la Libertad guiando al pueblo, mientras que la Libertad esta ahora descansando inerte sobre los adoquines de La Barricada, durmiendo apacible con la utopía tirada y desparramada por el suelo, manchada de polvo y salpicada de sangre.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Palabras a golpe de pincel

Voy a sacarme estas palabras enquistadas sin orden ni concierto.
Me encuentro en combate monumental con mi alma, reventándonos las yemas de los dedos, arañando sentimientos insubordinados.

Echaremos un tequiero y un odio-te.

Te quiero tener espalda con espalda, piel con piel, cuerpo a cuerpo.

Mis planes de fuga eliminarán la línea, acabarán con el triste academicismo de la rectitud. Vamos a pintar un mundo libre, de colores y tonos vaporosos. Nuestras tempestades serán al gusto de Turner, y nuestras angustias serán el grito de Munch.

Vamos a inventar un mundo donde los sueños serán tan abstractos como un Kandinsky, formales como Mondrian y perturbados como Bacon.

Seremos insolentes como Blake, y mientras, Lautrec sonreirá y nos retratará en nuestro triste, minúsculo y encantador ático parisino, mientras nos desperezamos e iniciamos nuestras vidas tras el simbolismo de nuestras noches.

Te quiero tener espalda con espalda, piel con piel, cuerpo a cuerpo.

Quiero que me acompañes a un mundo sin lineas ni dibujo, donde tus ojos serán ventanas veteadas de color.

domingo, 3 de junio de 2012

escanear2831

Me acuerdo perfectamente de esta foto. Me acuerdo a pesar de que era apenas un niño, y se supone que de esas edades recuerdas lo básico.
Ni siquiera recuerdo la época del año, ni la estación ni el día ni el mes. Nada.
Recuerdo la lluvia, no sé bien si durante o justo después de la cena. Recuerdo el porche, y todos pegados a la pared (como se aprecia), encendiendo y tirando cohetes, bombas de estruendo, bengalas, ... No recuerdo qué se festejaba, ni muchísimo menos si era importante o no.
Recuerdo que tenía la sensación de que el mundo se acababa ahí, justo al borde del porche, en una noche tan oscura que no dejaba ver más allá.
Todos desprevenidos, riendo, saludando otros con la V, cuadrados, distraídos, malhumorados, ... Todos alegres.
Hay momentos, como es el caso, en los cuales una fotografía vieja y antigua, quemada por la luz del flash, te pueden devolver a días tan apacibles como aquel. En medio de la noche lluviosa, tirando petardos y bombas de estruendo contra la noche oscura. Noches que te alegras de recordar, pero que te entristecen al pensar que forman parte del pasado, de una fotografía vieja y quemada, con los compañeros de la Patria Sur, del mundo al revés y el guantazo de realidad.
Pero, sin embargo, la vida no tendría sentido sin la fotografía. No tendría sentido olvidarse de la noche oscura, de las bombas de estruendo, de la lluvia, ... Y de alguna manera me regocijo al sentirme reconocido en esa foto, junto con toda la gente querida y añorada.
No tendría ningún sentido vivir y perder el recuerdo de aquel día, aquella época pasada en la que todos los recuerdos parecen bailar y saltar de una foto a otra.

No tendría ningún sentido si no fuera por la noche con los compañeros de la Patria Sur, los amigos que, pase lo que pase, saludan con la V de Victoria.

Llanto heleno

Se reedita en Alemania Mi Lucha,
mientras el heleno suspira,
al rugir de mil estómagos.

Rompen huchas por el comer precario,
los miles de salarios,
que se cansan nada más nacer.

Sube el vino,
los desgastes de zapatos,
de este arrabal ingrato
sin tintes al renacer.

Llora, llora,
niño heleno,
que entre mil días de penar,
quizás,
encontrarás la nana explosiva
que frene y amanse tu existencia,
renegando, por fin,
de la paciencia,
de los mil kilómetros de sal.