Se engrandece
el macho nacional,
ante el panorama
del recorte en inteligencia,
desparramada a muerte,
de Tarifa hasta Gijón.
Se retuerce con brío la tristeza,
mientras la maleta
del falso Erasmo,
viaja llena de cerebros
hacia un extranjero incierto
con ápices de esperanza.
Se exilian las lágrimas
en vuelos low cost,
mientras el acento castellano
se desprende del español.
Se queman las naves,
se evacuan los cuerpos,
se graban los recuerdos.
Se parte lejos,
se huye del euro,
del dolar
e incluso
de algún peso.
Y mientras,
en Jutlandia,
la paz de la corona impera
navegando sobre el naufragio.
"Toda mi vida en Ruinas ante mis ojos, y caí en la cuenta de que hagas lo que hagas, al final va a resultar una perdida de tiempo, asi que tampoco importa demasiado si te vuelves loco" Jack Keoruac.
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miércoles, 25 de abril de 2012
miércoles, 12 de octubre de 2011
Desquites para Siempre
Tengo dos hojas pequeñas,
amarillentas del ayer y el hoy.
Que por nuestro descuidado jardín,
corren descabezadas las palabras,
jamás dichas en apresurarse a salir.
Tengo dos hojas en blanco,
de papel amarillento,
sobre los que no cabría escribir versos,
de una belleza como la tuya,
dolida.
No quedan en esta isla desierta
más árboles de sombra y agua,
ni más anhelo de sexo caliente, ni de paseo,
ni de cantar.
Al menos, tuyo el deseo desierto,
tuyo es todo, pues yo no quiero nada
del pasado, ni siento ni quiero padecer.
Todo te lo dejo para que lo amoldes
y laceres inútilmente a tu aire y espectáculo.
para que los lleves por tus cauces tubulentos.
Pero, al menos,
déjame pedirte, solo una cosa.
Y es que empieces
cuando no quede de mí,
más que el sonoro recuerdo,
del portazo de salida.
amarillentas del ayer y el hoy.
Que por nuestro descuidado jardín,
corren descabezadas las palabras,
jamás dichas en apresurarse a salir.
Tengo dos hojas en blanco,
de papel amarillento,
sobre los que no cabría escribir versos,
de una belleza como la tuya,
dolida.
No quedan en esta isla desierta
más árboles de sombra y agua,
ni más anhelo de sexo caliente, ni de paseo,
ni de cantar.
Al menos, tuyo el deseo desierto,
tuyo es todo, pues yo no quiero nada
del pasado, ni siento ni quiero padecer.
Todo te lo dejo para que lo amoldes
y laceres inútilmente a tu aire y espectáculo.
para que los lleves por tus cauces tubulentos.
Pero, al menos,
déjame pedirte, solo una cosa.
Y es que empieces
cuando no quede de mí,
más que el sonoro recuerdo,
del portazo de salida.
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