Se engrandece
el macho nacional,
ante el panorama
del recorte en inteligencia,
desparramada a muerte,
de Tarifa hasta Gijón.
Se retuerce con brío la tristeza,
mientras la maleta
del falso Erasmo,
viaja llena de cerebros
hacia un extranjero incierto
con ápices de esperanza.
Se exilian las lágrimas
en vuelos low cost,
mientras el acento castellano
se desprende del español.
Se queman las naves,
se evacuan los cuerpos,
se graban los recuerdos.
Se parte lejos,
se huye del euro,
del dolar
e incluso
de algún peso.
Y mientras,
en Jutlandia,
la paz de la corona impera
navegando sobre el naufragio.
"Toda mi vida en Ruinas ante mis ojos, y caí en la cuenta de que hagas lo que hagas, al final va a resultar una perdida de tiempo, asi que tampoco importa demasiado si te vuelves loco" Jack Keoruac.
miércoles, 25 de abril de 2012
sábado, 14 de abril de 2012
Durante el Concierto
Aquella tardenoche, durante el concierto, ella debía de estar ahí, si no me mintió cuando me lo dijo, apenas estaría a unos metros de mí. Cantaría y aclamaría a aquel viejo y oxidado cantautor tan alto como yo, con las manos levantadas y apuntando al cielo. Ella estaba allí, de pie, apenas a unos pocos pasos de mí.
Y yo, aún, no tenía ni un lejano ápice de esperanza en su existencia.
Y yo, aún, no tenía ni un lejano ápice de esperanza en su existencia.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Alucinación de una noche de protoprimavera
-¿Vienes?- me preguntó mi colega.
-Ahora entro, voy a fumarme otro...
Mis amigos se metieron en el bar mientras yo me encendía otro cigarrillo y miraba hacia la calle oscura, vacía y apenas iluminada por algunas farola de luces débiles. Di varias caladas mientras miraba el cielo, casi sin estrellas, de la ciudad. No hacía frío, ya acechaba la primavera desde los rincones.
Miré entonces a un lado y allí estaba yo, de pie. Había aparecido de improviso, fumándome un cigarro y con la vista en algún lugar. Al principio me asusté, era yo mismo el que estaba a mi lado, fumándome un cigarrillo y mirando hacia cualquier parte. Me armé de valor y hablé.
-¿Qué haces aquí?
-Lo mismo que tú, emborracharme, fumar...
Ya sabía a qué había venido, yo estaba allí para tocarme la moral, molestarme y soltarme un par de golpes.
-¿Sabes que la quieres no?
-No digas idioteces, qué sabrás tú...
-No seas estúpido- dijo mientras me dirigía una mirada un tanto burlona-. Ya sabes lo que hay.
Iba vestido igual, examiné su figura. Era más alto de lo que pensaba.
-No estoy seguro.
-Bueno, es normal, pero ten los pies en la tierra, decidas lo que decidas.
-No creo que la quiera- me miré entonces con severidad.
-A mi no me puedes engañar, ya te digo que es lo que hay. Y si te lo digo yo, va a misa, lo quieras acatar o no... No puedes escondérmelo.
Me miré con una mezcla de resignación y rabia. Tenía razón, ese papel de duro me venía un poco grande.
-¡Oye, tú! ¿Vienes o qué?- mi colega me llamó desde la puerta del local, yo ya no estaba fumando.
Yo había desaparecido, y estaba de pie, con la colilla del cigarrillo apagada y aún en la mano. Al fin reaccioné.
-Sí, sí, claro- tiré la colilla al suelo y la pisé un poco a pesar de que ya estaba apagada-. Vamos.
-Ahora entro, voy a fumarme otro...
Mis amigos se metieron en el bar mientras yo me encendía otro cigarrillo y miraba hacia la calle oscura, vacía y apenas iluminada por algunas farola de luces débiles. Di varias caladas mientras miraba el cielo, casi sin estrellas, de la ciudad. No hacía frío, ya acechaba la primavera desde los rincones.
Miré entonces a un lado y allí estaba yo, de pie. Había aparecido de improviso, fumándome un cigarro y con la vista en algún lugar. Al principio me asusté, era yo mismo el que estaba a mi lado, fumándome un cigarrillo y mirando hacia cualquier parte. Me armé de valor y hablé.
-¿Qué haces aquí?
-Lo mismo que tú, emborracharme, fumar...
Ya sabía a qué había venido, yo estaba allí para tocarme la moral, molestarme y soltarme un par de golpes.
-¿Sabes que la quieres no?
-No digas idioteces, qué sabrás tú...
-No seas estúpido- dijo mientras me dirigía una mirada un tanto burlona-. Ya sabes lo que hay.
Iba vestido igual, examiné su figura. Era más alto de lo que pensaba.
-No estoy seguro.
-Bueno, es normal, pero ten los pies en la tierra, decidas lo que decidas.
-No creo que la quiera- me miré entonces con severidad.
-A mi no me puedes engañar, ya te digo que es lo que hay. Y si te lo digo yo, va a misa, lo quieras acatar o no... No puedes escondérmelo.
Me miré con una mezcla de resignación y rabia. Tenía razón, ese papel de duro me venía un poco grande.
-¡Oye, tú! ¿Vienes o qué?- mi colega me llamó desde la puerta del local, yo ya no estaba fumando.
Yo había desaparecido, y estaba de pie, con la colilla del cigarrillo apagada y aún en la mano. Al fin reaccioné.
-Sí, sí, claro- tiré la colilla al suelo y la pisé un poco a pesar de que ya estaba apagada-. Vamos.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Detalles de un año entero I
La luz cambiante del final del día,
Aulas amarillentas a partir de las doce, color de pergamino,
Mentes despiertas al calor del invierno.
Así es la protoprimavera.
Aulas amarillentas a partir de las doce, color de pergamino,
Mentes despiertas al calor del invierno.
Así es la protoprimavera.
jueves, 26 de enero de 2012
D(e)udas
Las deudas son algo que a veces no desaparecen, por puro vicio cebado de intención.
Las hay que crecen por masocas, se alimentan, vuelan y se estampan como letras rayadas contra el techo.
Hay deudas preciosas, embaucadoras, lentas y lunáticas, cautivadoras...
D(e)udas con mi corazón, por tu suavidad y tu espalda, por tu boca, por tu sexo, tus brazos, y por tu piel
Las hay que crecen por masocas, se alimentan, vuelan y se estampan como letras rayadas contra el techo.
Hay deudas preciosas, embaucadoras, lentas y lunáticas, cautivadoras...
D(e)udas con mi corazón, por tu suavidad y tu espalda, por tu boca, por tu sexo, tus brazos, y por tu piel
martes, 17 de enero de 2012
Tender is the night
La cubierta del Blue Coast, uno de los barcos de recreo más frecuentados por las familias de clase media-alta de toda Europa y Norteamérica, era barrida suavemente por una brisa estival, fresca y suave, acompañada por el leve murmullo de los motores, y el agua rasgada por el avance del crucero. El ruido de los motores era apenas audible, y las sombras de las grandes chimeneas, que habían disminuido su humear hacía unas horas, proyectaban unas sombras que oscurecían la parte de la cubierta donde yo me encontraba esperando, de pie e impaciente, a que ella llegara.
Me apoyé con los codos sobre la barandilla y me encendí un cigarrillo. Desde aquel lugar podía escuchar el ruido de la fiesta, la música, el Champagne descorchándose, los gritos y las canciones que mis familiares cantaban, ya con una borrachera considerable,afanándose en pasarlo bien antes de volver a sus vidas en el lejano continente americano. Delante de mí se extendía el Mediterráneo, nocturno y veraniego, con su quietud de aguas característica y su suave brisa salina. De improviso, unas manos me abrazaron por la espalda y yo, casi instintivamente, tiré mi cigarrillo al mar y sonreí.
-Ya creía que no ibas a venir nunca- dije suavemente mientras ella apoyaba su mejilla en mi hombro, melosa.
Me apoyé con los codos sobre la barandilla y me encendí un cigarrillo. Desde aquel lugar podía escuchar el ruido de la fiesta, la música, el Champagne descorchándose, los gritos y las canciones que mis familiares cantaban, ya con una borrachera considerable,afanándose en pasarlo bien antes de volver a sus vidas en el lejano continente americano. Delante de mí se extendía el Mediterráneo, nocturno y veraniego, con su quietud de aguas característica y su suave brisa salina. De improviso, unas manos me abrazaron por la espalda y yo, casi instintivamente, tiré mi cigarrillo al mar y sonreí.
-Ya creía que no ibas a venir nunca- dije suavemente mientras ella apoyaba su mejilla en mi hombro, melosa.
domingo, 1 de enero de 2012
Preámbulo
Nos fundimos en un beso largo, para después quedarnos un poco atontados.
-Bueno, pues querrás descansar ¿Verdad?- dijo ella pícara.
-La verdad es que no estoy demasiado cansado-sonreí.
-Ah, ¿No?
-No- dije mientras mis dedos comenzaban a juguetear con el tirante de su vestido verde- Podríamos aprovechar lo que queda de noche.
-Bueno, pero mira que eso es poco tiempo- dijo mientras me tocaba con sus labios mi cuello y me rodeaba con sus brazos.
-Pues mejor. Así podré darte las buenas noches y los buenos días en el verde de tus ojos.
-Bueno, pues querrás descansar ¿Verdad?- dijo ella pícara.
-La verdad es que no estoy demasiado cansado-sonreí.
-Ah, ¿No?
-No- dije mientras mis dedos comenzaban a juguetear con el tirante de su vestido verde- Podríamos aprovechar lo que queda de noche.
-Bueno, pero mira que eso es poco tiempo- dijo mientras me tocaba con sus labios mi cuello y me rodeaba con sus brazos.
-Pues mejor. Así podré darte las buenas noches y los buenos días en el verde de tus ojos.
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