lunes, 30 de diciembre de 2013

Balances anuales

"Cuántos años ya"

-Bueno, supongo que los hay mejores y peores.
-Sí, pero qué es mejor y peor- replicó Martínez.
-Menudo eres- dijo Colão mientras sacaba un cigarrillo-. Llevamos ya unos meses sin vernos y ya vienes con tus preguntas de siempre.
-¿Fumas?
-Ahora sí-contesto cortante.
Siguieron caminando mientras esquivaban y se cruzaban con una legión de atareados padres, abuelos, primos y nietos que apuraban los últimos días para comprar los ansiados regalos.
-Hay gente que en un año entero espera a hacer su equilibrio del bien y el mal según qué cosas han recibido- siguió Martínez.
-¿Te refieres a los regalos?
-Más o menos.
-Bueno, esto es como todo, dar y recibir, la gente es feliz así.
-Pero no llegan a pensar más allá de lo que ocultará el papel- Entraron la cafetería de siempre, y se sentaron-, me refiero a que al fin y al cabo la mayoría no piensa qué han aprendido, a pesar de que lo hagan toda la vida nosotros inclusive, a nuestra edad.
Pidieron un café con leche cada uno, Colão con el azucarillo típico y Martínez con el azucarillo de siempre, el de más. En la cafetería había, al fondo, un par de estudiantes, él moreno, ella rubia, no excesivamente altos, no excesivamente guapos para el canon, aunque el canon nunca les importó demasiado a los mortales.
-Mira, fíjate en aquellos dos- le indico Martínez a su amigo con un movimiento de cabeza.
-Sí, qué pasa, son jóvenes como tu y yo lo fuimos.
-Sí pero fíjate bien, los dos se sonríen y no dejan de hacer el imbécil...
-Te repito que nosotros fuimos igual.
Se quedaron mirando a la pareja un rato. andaban los dos haciéndose carantoñas, bobadas y echándose unas miradas de infarto, un beso fugaz de vez en cuando, y de a ratos otros más largos y lentos. Se levantaban juntos para ir a la barra a pedir otra caña, el camarero se las daba y les regalaba a la vez una mueca pilla, como si ya los conociera de sobra. Ella se levantará a por servilletas, no sea que los vasos de las cañas goteen, y él después irá al baño. Cuando ella se levanta y le da la espalda, él se sonríe y la mira con ternura ir y venir, suspirando por cada paso que da, regocijándose en ese momento íntimo de contemplación. Cuando ella ya ha vuelto, él se levanta y va al baño, y no repara como se le clavan dos ojos en cada paso, desde los talones a la cabeza, y ella, a su vez, aprovechando el momento, se sonríe y sonroja, mitad por la cerveza mitad por el querer que brota de sus ojitos. Cuando él vuelve, los dos se quedan con sus secretas ojeadas, sin contarlo más que con las pupilas.
Martínez y su amigo se vuelven a mirar y se descubren el uno al otro sonriendo como idiotas.
-¿Qué te parece, amigo?- pregunta Martínez.
-Pues qué me va a parecer, me alegran... pero dime ¿Qué tiene esto que ver con los años y los regalos y el papel y todo eso que me decías antes?
-Pues no mucho, aunque esos dos me recuerdan a un año que aprendí mucho.
-Cuándo...
-No lo recuerdo bien, ya hace tiempo. Pero me acuerdo que fue un año de infarto, lo recuerdo como el año que empezó mal, con el desengaño por bandera, agrio y frío como todos los Eneros- hizo aquí una pausa-. Pero después se fue volcando, se inclinó y con la primavera ya floreciendo a raudales todo fue cambiando, trabajé, estudié... Y sobre todo, aprendí, eso es lo que debería recontar todo el mundo el día 31. Aquel año aprendí a ser paciente, a regar ilusiones, a cortar con los desengaños, a viajar sin miedos. Y me enseñaron Colão, me enseñaron el valor de un beso, de una mirada, de los amigos, del tiempo, de la música que la gente guarda en sus corazones, que la vida se banca bien si uno se empeña a ello. Me enseñaron y aprendí de la manera más contundente el valor del reproche y el valor del perdón, así como que para el segundo se precisa de mucho más que para el primero

. A querer, amar y cuidar todas las cosas buenas.
-Bueno, querer y amar es lo mismo, creo...
-No Colão, uno puede querer muchas cosas, más y menos, pero amar, amar solo se aman unas pocas. Querer implica siempre algo de posesión, algo de ego y de recelo. Pero amar, amigo mio, amar es algo bien distinto, es más simple si cabe, amar deriva de amor, y querer de querer. Para querer solo se necesita a uno mismo, pero para amar se precisan de dos corazones.
Aquel año Martínez aprendió que llegó al anden a tiempo, ni antes ni después, si no cuando los trenes paraban, y también, entre otras muchas cosas bellas, dice Martínez que aprendió a hablar con las pupilas.