lunes, 21 de septiembre de 2015

II (IX)


El rastro se esfumaba entre la espuma de las olas, entre las luces de ciudad.

Se detuvo en la orilla, junto a los restos de naves que decían haberla visto a pocos kilómetros de la costa.

Un marinero contaba que una vez la vio al pie de los acantilados.

Otros que dibuja los arrecifes con las manos.

La hallarás donde el agua raja el horizonte, donde la memoria es el futuro.

Pero el horizonte no era más que un canto de sirena, acero que atrapa el tiempo.

Estará donde baile el viento con la utopía de su pelo.


 "Consciente de esa circunstancia,
en muchas ocasiones emprendo largos viajes;
pero apenas me desplazo unos milímetros
hacia los destinos más remotos,
la nostalgia me muerde las entrañas,
y regreso a mi posición primera
alegre y triste a un tiempo [...]" 

Ángel González

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